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El Gran Terremoto

El gran terremoto en Dubrovnik

 

Dubrovnik está construida sobre el territorio con mayor actividad sísmica de Croacia. Es la única ciudad resaltada en rojo en los mapas sísmicos, lo que indica un potencial de terremotos de grado 10 en la escala de Mercalli (8 en la de Richter).

 

Desde la antigüedad acontecen eventos sísmicos en esta ciudad, y pareciera ser que desde el s. XV d.C. éstos se volvieron más frecuentes. El primer terremoto de consecuencias graves ocurrió en 1520, en el cual murieron decenas de personas y varias casas resultaron destruidas. Por temor a la ira de Dios, los habitantes construyeron una iglesia en honor a San Salvador, la cual debería protegerlos de los desastres naturales.

 

Sin embargo, ni dicha iglesia pudo protegerlos el 6 de abril de 1667, en plena Semana Santa previa a las Pascuas. Entre las 8 y 9 de la mañana, Dubrovnik se vio afectado por el evento más espectacular de toda su historia. Los testigos describieron casi idénticamente los horrores acaecidos. Corto en duración, no más de unos segundos, sólo un fuerte golpe subterráneo bastó para que Dubrovnik comenzara a desmoronarse. De un momento a otro, la ciudad de magníficos palacios góticos y renacentistas, iglesias, monasterios y otros numerosos edificios se  transformó en una triste ruina llena de gritos de supervivientes enterrados bajo las piedras y vigas de madera.

 

Los testigos afirman cómo durante el terremoto todo colisionaba y balanceaba, mientras las paredes se inclinaban para luego regresar al mismo lugar. Desde el monte Srđ se desprendieron enormes rocas que destruyeron todo a su paso. Alrededor de las puertas de Ploča y Pila se abrieron grietas en el suelo, tragando casas enteras. El polvo se elevó en el cielo y oscureció el sol, cuya luz parecía tan roja como la sangre. Se interrumpió el suministro de agua, los pozos se secaron y se llenaron de barro amarillo. La atmósfera apocalíptica se completó con las escenas del mar donde se escucharon sonidos tronadores que recordaban rayos y cañones. Pronto Dubrovnik fue víctima de un tsunami. Al retroceder el mar, los barcos anclados en el puerto encallaron con su quilla sobre las rocas. Al regresar, las altas olas finalizaron por hundirlos.

 

El desastre en Dubrovnik era total. La mitad de la población del casco antiguo murió, unos 3000 habitantes. En total fallecieron 6000 personas, entre las cuales se encontraba el príncipe de la ciudad y la mitad de los integrantes del Gran Concejo. La mitad de los nobles perdió su vida (luego de que el año anterior la peste acabara con 1000 integrantes de la nobleza). Así las cosas, los problemas recién empezaban. La ciudad continuó sufriendo réplicas del sismo durante una semana más, desatando un incendio que, avivado por los fuertes vientos que soplaron durante 20 días, arrasó con la ciudad. Los sobrevivientes se refugiaron en los fuertes de Revelin y Lázaro, unos de los pocos edificios intactos, mientras que miles de heridos permanecían entre las ruinas pidiendo ayuda a gritos. El caos era total. Era raro ver que alguien ayudara a los necesitados, a menos que a cambio obtuviera alguna recompensa maerial. Algunos llegaron a beber de su propia orina con tal de sobrevivir mientras permanecieran bajo los escombros. Comenzaron los saqueos en manos de habitantes de los suburbios de Dubrovnik, sin nadie que los detuviera. Desde la muerte del príncipe y gran parte de los funcionarios del gobierno, el anarquismo se volvió ley. A los muertos se les desgarraban las orejas y arrancaban las mandíbulas para quitarles los aros y los dientes de oro. Todos fueron robados, tanto ricos como pobres.

 

Aún así, en medio del desastre, varios de nobles de Dubrovnik se las arreglaron para mantenerse con la sangre fría y comportarse sobriamente. Fundaron el Concejo de los Doce, que tomó medidas clave en los días posteriores al terremoto. Dispusieron que cualquier persona que saliera de la ciudad en esos momentos fuera castigada, porque regía la obligación y el deber de avocarse a la reconstrucción de Dubrovnik para salir adelante. Pagaron a 800 personas para proteger la ciudad de posibles ataques de Turquía, Venecia y de los saqueos de sus propios ciudadanos. Fue en estos tiempos más difíciles de la historia de Dubrovnik cuando la diplomacia jugó un papel fundamental, especialmente de la mano de Stjepan Gradić, un diplomático en el Vaticano. Fue quien tomó infinidad de medidas con el fin de devolver a su ciudad natal su antigua prosperidad. Se hizo especial hincapié en que la restauración de Dubrovnik tuviera que nutrirse de sus propios recursos. Sus notas sobre la renovación de la ciudad están conservadas hoy en día en el monasterio franciscano. Un gran número de personas creyó que la mejor manera de rememorar su contribución fue erigir una placa conmemorativa en la catedral barroca reconstruida (la antigua había quedado destruida por completo).

 

Independientemente del terrible terremoto, Dubrovnik logró mantenerse en pie, dando paso a una nueva fase de su historia. Fue uno de los terremotos más grandes de todos los tiempos de Europa. Las ondas microsísmicas se hicieron sentir en Venecia, Nápoles, Constantinopla, e incluso en Egipto - a dos mil kilómetros de distancia, abarcando más de 12 millones de kilómetros cuadrados.

 

No sólo resultó destruida Dubrovnik, sino que también en muchos pueblos de los alrededores se contabilizaron muertes, sufriendo además una tremenda destrucción. En Kotor, entre los cientos de muertos, falleció el gobernador veneciano. Gran daños se corroboraron en Ston y Herceg Novi.

 

Es interesante que la iglesia de San Salvador, que se suponía iba a proteger a Dubrovnik del terremoto, fracasara en su objetivo, pero permaneciera intacta. Así también permanecieron otros pocos edificios como Revelin, Sponza y Lázaro, que sobrevivió al gran terremoto sin daños significativos.

 



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